Y descubrí la vida misma en tu piel,
me vi respirando de tus poros el vapor del deseo,
me descubrí en tus oídos recitándote estos versos.
En el trayecto para llegar a tu cuerpo
caminé de puntillas el pasillo oscuro de prohibiciones.
Esperabas al otro lado sediento de amores
y me guiaste tocando melodías que revelaban tus colores,
impulsaste mis ideas y llegué rimando,
besando el aire hasta que me topé con tus labios.
En lapsos de tiempo incontable narras nuestra vida profética,
una poesía épica inspirada por los dioses.
Mi verbo hecho carne en tu pincel
intuyó este momento y aquí estamos,
bebiéndonos la vida de ambos en el mismo cáliz de vino sin soltarnos las manos.